EL Complejo Taquillo es un área natural protegida localizada en el municipio de Jicalapa, departamento de La Libertad. Hasta hace algún tiempo no se conocía de la riqueza marítima que esta área alberga y que recientemente se ha descubierto gracias a una investigación realizada por la Fundación Tecleña Pro Medio Ambiente, FUTECMA, con el apoyo financiero de FIAES, en el marco de un proyecto de conservación ambiental.
El primero de estos descubrimientos fue la identificación de una comunidad de corales blandos que se extienden en 101 kilómetros cuadrados de la zona marino costera, que abarca desde la playa El Zunzal hasta la playa La Perla, por lo que se estaría considerando unir esta porción al complejo Taquillo, idea que también estudia el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, dada las bondades que ofrece esta especie, al servir como fijador de dióxido de carbono y refugio de larvarios de peces y crustáceos.
Según Armando Navarrete, biólogo del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de El Salvador (ICMARES), la existencia de los corales indica que la playa mantiene características sanas por la no intervención humana.
El área también guarda en su seno un diminuto habitante: el caracol azteca, conocido como “jute teñidor”, el cual segrega una sustancia lechosa que puede ser utilizada como colorante orgánico.
Este pequeño ser produce un tinte color púrpura, una tonalidad muy peculiar y difícil de obtener de forma natural. Para ello, es necesario ordeñar el caracol, lo cual se logra estimulándolo con un beso, a fin de que éste libere su tinta. Un aspecto positivo de esta actividad es que el caracol no muere, sino que es devuelto a su medio natural después del ordeño; sin embargo contiene una toxina que puede ocasionar un efecto de adormecimiento en la lengua del teñidor, después de varios ordeños.
El teñido artesanal con el caracol data de la época precolombina, y fue utilizado principalmente por la cultura azteca. En esa cultura, las prendas teñidas con esta sustancia eran distintivo de estatus en las mujeres. En El Salvador, hace 60 años se inició esa tradición, que prácticamente ha desaparecido en la actualidad, ya que son pocos los recolectores y teñidores, por lo que se evaluaría la posibilidad de reactivarla para generar ingresos adicionales para los pobladores de las zonas aledañas.
Desde Baja California hasta el norte del Perú, el caracol azteca únicamente se ha encontrado en la costa acantilada en El Salvador. En el Complejo Taquillo, éste es considerado una especie insignia o bandera del área natural, ya que pueden encontrarse hasta 20 caracoles por metro cuadrado.
Actualmente, se estudia el potencial energético de la zona de los acantilados para la producción de energía mareomotriz, la cual se genera a través de las olas del mar y mareas. Una investigación realizada anteriormente por alumnos de la Universidad Nacional determinó que este es el lugar con mayor oleaje en el país.
Dentro de sus planes a mediano plazo, FUTECMA proyecta realizar un estudio para conocer la composición del fondo marino y la factibilidad socioambiental y económica de esta alternativa energética, para lo cual ya ha iniciado gestiones con el fin de obtener el financiamiento necesario.
La idea a futuro es instalar dos prototipos convertidores de energía que beneficiarían principalmente a las comunidades que viven en las zonas aledañas. “De concretarse esta iniciativa, se convertiría en el primer proyecto de energía mareomotriz en la región, lo cual sería muy positivo porque se trata de una fuente de energía limpia y sustentable”, señala el Ing. Iván Márquez, técnico de FUTECMA.
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